La
magia y encanto del país vallenato y sus habitantes
Hablar
de los valores culturales y de las personas de esta mágica y encantadora
tierra, del viejo Magdalena y del actual valle del Cacique Upar, esa que está
enclavada en las estribaciones de La Sierra Nevada de Santa Marta, en donde
queda Teyuna construida por los indígenas Tayronas hace
más de 1.000 años.
Esa que tiene con 1. 200 escalones, pero conocida como “Ciudad
Perdida”, la que es comparada con Machu Picchu en el Perú, siendo Ciudad
Perdida 600 años mayor, pero poco visitada por falta de vías de acceso y
difusión por parte de las entidades gubernamentales, desde que se supo de ella,
en la década de los 70.
Es
recordar y evocar algunos de sus personajes y anécdotas, también es adentrarnos
en las aventuras y vivencias de un pueblo laborioso y cultural por onomancia,
tierra amante de la poesía, de los cantos y composiciones a la naturaleza, al
rocío de una mañana fresca y clara, amenizada por el trinar de las aves, es
admirar extasiado el vuelo de las mariposas amarillas, como lo describió Gabo
en su obra cumbre “Cien Años de Soledad”.
Es
inspirarse en la gracia y belleza de una fémina tratando de conquistar su
corazón, es evocar el enfrentamiento de dos juglares de nuestra vernácula y
representativa música vallenata, para demostrar quién ejecuta mejor el acordeón
y quién compone los mejores versos y melodías, con el firme propósito de
enamorar a la mujer de su sueño.
Como
sucedió con los maestros de esta hermosa costumbre y tradición; esos juglares
como Lorenzo Morales, “Moralito” el de los Cardonales de Guacoche
(Cesar) tierra de mujeres y hombres laboriosos y artesanos y de Emiliano
Zuleta Baquero, de La Jagua del Pilar (La Guajira) de donde surgió la joya
musical “La Gota Fría” quién no se deleitaba con la picardía,
creatividad y talento para componer y cantar, de Calixto Ochoa Campo, el
creador de más de 1.500 canciones, entre ellas verdaderos clásicos musicales.
Calixto Ochoa
(Los
sabanales, El africano, Yoyo, el mundo, Remanga entre otras) grabadas e
interpretadas, no solo por él, sino por grandes orquestas y grupos
internacionales, en esta tierra triétnica (negros, blancos y aborígenes) en
donde convergen e interactúan un sinnúmero de historias y vivencias.
Es
añorar anécdotas, mitos y leyendas, desde enfrentamientos con el Diablo, por
parte de ese mítico personaje, “Francisco El Hombre” utilizando
únicamente sus armas más poderosas, la inteligencia y el acordeón.
Así
como atreverse a construir una casa en el aire, como lo hizo uno de los
pioneros y fundadores del Festival Vallenato Rafael Escalona, como
condición para los enamorados y poder visitar a su hija Ada Luz, quien
era la luz de sus ojos. Hablar de esta tierra, es admirar lo que pudo hacer ese
maestro y gigante de la música vallenata “Leandro Díaz”, para mí, el más
grande e importante compositor, que ha parido esta mágica tierra.
Leandro
Díaz
Ese
que veía con los ojos del alma, describiendo casi a la perfección siendo
invidente, los paisajes de su bella, pero olvidada tierra Guajira, igualmente
lo hacía con la naturaleza, destacando su majestuosidad como si realmente los
estuviera viendo.
¿Qué
compositor puede inspirarse de esa manera, sin poder ver) ¿Es deleitarse al escuchar tocar y cantar, a
“Alejo Durán” Mi pedazo de acordeón y el 039, dos obras sobresalientes, del
primer rey vallenato, ¿con su voz cadenciosa y sus notas bien marcadas y
lastimeras?
También
es rememorar el orgullo de Compae’ Chipuco, Antonio Guerra Bullones
por tener las patas bien pintadas como lo expresaba él, lo que lo identificaba
como un verdadero vallenato, este personaje, originario de La Guajira, tocaba
el acordeón y componía canciones a orillas del río Cesar, sostuvo un negocio de
comida con su esposa Carmen Arzuaga.
Más
adelante en la calle del Cesar monta un salón de baile, llamado “La
Academia”, donde funcionó por muchos años la Farmacia Mundial N° 1, Compae’
Chipuco fue bautizado con ese remoquete por el ruido que producían los
calambucos del agua, cargadas en las bestias de arriar, el preciado líquido.
Así
era la onomatopeya de los calambucos de agua, que dieron origen a su remoquete…
Chi
puc, chi puc, chi puc…
Compae’
Chipuco
Todos
estos personajes y anécdotas, hacen parte de esta mágica y encantadora tierra
del país vallenato, como es conocida esta región en donde confluyen tres
departamentos, Cesar, Guajira y Magdalena.
Artistas,
con talento y gracia para componer, cantar o tocar cualquiera de los
instrumentos que hacen parte de la música vallenata, como lo son: “La caja,
la guacharaca y el acordeón”, folclor que también es trietnico como sus
habitantes, descendientes de los españoles, aborígenes y los traídos de
África.
Y
que más adelante, no solo eran los habitantes de esta región, quienes tocaban,
cantaban o componían, sino que, en muchas regiones de Colombia, también se
hace, como es la sabana de Colombia con grandes representantes como Adolfo
Pacheco y Lisandro Mesa y en el interior del país, quienes han
ganado concursos de música vallenata, demostrando que el vallenato, ya hace
parte de toda la geografía colombiana.
Inclusiva
ha traspasado las fronteras, como en México, Panamá, Venezuela entre otras
naciones fronterizas, en donde también se toca y se canta música del Valle del
Cacique Upar, como también se le conoce.
Habitar en esta mágica tierra del Cacique Upar,
es un privilegio, escuchar una a y otra vez en boca de los mayores cuentos,
mitos y leyendas de quienes presenciaron esa romería de personas, cuando se
iban para el Río Guatapurí en el balneario Hurtado, en ese entonces Valledupar
era solo un caserío, todos tratando de ver a esa niña que se convirtió en
sirena, llamada Rosario Arciniegas.
Le decían (Rosario en homenaje a la virgen
del mismo nombre) esta al bañarse en las frías aguas del Río Guatapurí,
se convirtió en Sirena un viernes santo, desobedeciendo las órdenes de
su madre, desde entonces una figura en forma de sirena, observa silente a todos
los que van a refrescarse en las cristalinas aguas del Río Guatapuri.
Esta fantástica leyenda se convirtió en mito por lo
que hoy reposa un imponente monumento en unas de las gigantescas piedras del
río Guatapurí, elaborado por el maestro escultor Jorge Maestre.
El balneario Hurtado y su sirena
Era tanta la fe de quienes iban a ver la niña
sirena que muchos aseguraban observar esa mítica figura, como lo relata y
cuenta el abogado, historiador y compositor Tomás Darío Gutiérrez, en
algunos de sus libros en conferencias y escritos, así lo dice también
Ruth Ariza, antropóloga e historiadora ambos conocedores del tema.
Pero no solo era la sirena, muchos visitantes
afirmaban que veían ciempiés gigantes y caballos fantásticos, cuentos, mitos y
leyendas del viejo Valledupar narrados por sus antiguos moradores.
La historia continúa relatando que la joven
convertida en sirena llegó hasta el Río Cesar, después al caudaloso Río
Magdalena, pasando por la Ciénaga de Zapatosa, allá por
Chiriguaná para finalmente terminar en el Océano Atlántico.
Quienes no recuerdan con nostalgia y desean que
Valledupar vuelva a ese remanso de paz, ese que todos añoran del que muchos han
escrito tantas anécdotas y relatan que ya no se ve igual, ni huele igual.
Ese Valledupar con un clima distinto; el de las
cabañuelas adornado con la hermosura y majestuosidad de los cañahuates
amarillos, los que bajan imponentes de la Sierra Nevada de Santa Marta,
o por las laderas de los ríos Badillo y Guatapurí, exhibiendo sus flores
como si estuvieran marchando o a veces en pelotón y se adentran a la ciudad,
haciendo hileras a lado y lado de las carreteras del Cesar.


Quienes no añoran el brillo de las luciérnagas al
anochecer ya casi desaparecidas, el vuelo de las mariposas, después de un
fuerte aguacero, el canto de un Turpial y de un Sinsonte, en un amanecer o
cuando está muriendo el día.
Así como reconocer el lastimero canto y sonido del Guacaó,
bien adentro de la espesa vegetación, emulando un Son vallenato, motivo de
inspiración de los maestros Rafael Escalona, Gustavo Gutiérrez y Leandro
Díaz y otros grandes compositores de la música vallenata.
Ese
es el viejo valle del que se perdió su encanto y magia, conformado tan solo por
los céntricos barrios de la ciudad, se extendía hasta Pitillal porque
muchos tenían familiares allá o con el intercambio comercial.
Se
disfrutaba del grito lejano del vendedor de las famosas arepitas vallenatas, de
los auténticos quéquis, merengues, chiricanas y dulces de la Garita, de los
bollos de mazorca y los quesos de San Diego, de las inigualables almojábanas de
La Paz, de los alfandoques y las panelas de Atanquez, así como del chirinche
para los que les gustan las bebidas espirituosas.
Época
en donde se podía reposar y conversar en el frente de tu casa, sentado en un
asiento de cuero, sin temor a que los dueños de lo ajeno te visitaran y te
causaran un daño.
Tomás
Darío Gutiérrez: Foto portalvallenato.net
Como
olvidar para épocas de Semana Santa, cuando los feligreses murmuraban, un lunes
santo en la procesión, día del patrono de Valledupar, El Santo Ecce Homo,
cuando este supuestamente se ponía pesado impidiendo continuar con la
ceremonia.
Así
como el milagro de la Virgen del Rosario, cuando resucitó a los españoles,
envenenados por los aborígenes, al beber agua con barbasco en la Laguna
Sicarare, sucesos que solían ocurrir en esta tierra del realismo mágico.
De
igual manera los hermanos de Jesús de Nazareno relataban, que les daba miedo
estar solo en las filas al momento de contarlos, porque se les aparecía un
hermano nazareno ya fallecido, sean cuentos, leyendas mitos o exageraciones,
todas esas historias se escuchaban en la ciudad de los Santos Reyes, como
también es conocida esta amañadora tierra.
Nazarenos
de Valledupar en Semana Santa Foto Mi diario informa.
Personajes
curiosidades y orates famosos del viejo Valledupar
Tierra
de pintorescos y excéntricos personajes que fueron inspiración y argumentos
para escribir y hablar de ellos, así como los temas y las letras de muchas
canciones vallenatas.
Como
olvidar, aquellos famosos orates o locos del momento, eran pocos y todos muy
conocidos por los habitantes de Valledupar especialmente del centro de la
ciudad, entre ellos podemos citar:
La
gracia, elegancia y coquetería, de la bien maquillada y mejor vestida “Carpa”,
su verdadero nombre era Adelaida Rodríguez, quienes la conocieron mejor,
decían que era de los Haticos población de La Guajira.
La
famosa Carpa quien desfilaba y echaba la suerte
Apoyo y fuente. Arnoldo Mestre Arzuaga
23/05/2012 - 11:25
Cuentan algunos que este pintoresco personaje,
perdió la razón cuando un enamorado suyo, acudió a un Mamo de los indios
Arhuacos, en La Sierra Nevada de Santa Marta, para hacerle brujería y que solo
se fijara en él; sus faenas de limpieza y baño, en el río Guatapurí, sin
mostrar sus partes íntimas, eran todo un ritual y espectáculo, duraba horas
aseándose.
Llamaba
mucho la atención, cuando convertía en la mejor pasarela, los andenes y pisos
de cualquier vivienda de la ciudad, desfilando y repartiendo besos a todo el
que estuviera cerca con mucha coquetería y desparpajo, con su vestido de un
llamativo y encendido color rojo, al igual que sus labios rojos también.
Sin
olvidar una flor de Cayena del mismo color, a la que llamaba “arrebata
machos”, zapatos altos y cartera elegante, la Plaza Alfonso López y la Casa
de la Cultura, eran sus lugares preferidos para esos desfiles.
También
acostumbraba a echar la suerte, lo que causaba mucha gracia a los transeúntes,
pronunciando unas palabras obscenas que no pueden ser escritas aquí por su alto
calibre.
Este
personaje, se lleva el orgullo de ser una de las primeras, si no la primera,
que salió al aire en el canal regional de televisión Tele Caribe.
Precisamente
en La Casa de la Cultura, cuando hacían unas grabaciones, en este canal, que se
inauguró en la ciudad de Valledupar, para un Festival Vallenato en el año 1986,
bajo la gerencia de José Jorge Dangond Castro, llevándose el honor de ser el
primer canal regional del país.
La
Carpa desfiló y lanzó besos a las cámaras, como toda una artista y modelo, al
final este gracioso personaje se cansó de deambular por el centro de Valledupar
y echar la suerte y agarró carretera, perdiendo la vida cuando un auto la
atropelló, cerca de Valencia de Jesús, la tierra de ese gran juglar del
vallenato Calixto Ochoa.
Como
no recordar, el estilo, el modo de vestir y rectitud de Cabirol con su
vestimenta bien limpia y mejor planchada, otro conocido y gracioso personaje de
la ciudad, vestía impecablemente, nunca se le vio una arruga en su
consumado ropaje.
Cabirol
otro famoso personaje del viejo Valledupar
Para
ponerse los pantalones, los guindaba con unos hilos pendidos del techo y
con el mayor cuidado se metía en él, para no borrarle los pliegues que
dejaba un esmerado almidonado y bien planchado.
Cuatro
dedos abajo de las tetillas quedaban ubicados, sus pantalones por el resto del
día; luego de vestido salía caminando con un ademan entre militarote de alto
rango y pistolero del oeste.
No
volvía a sentarse en el día, para no arrugar la indumentaria. Con unos bigotes
perfectamente pintados con un lápiz de ceja negro, como también la
extensión de las patillas hasta llegar a la altura de las cordales, https://fundacionaviva.wordpress.com/
¡Apartes
de la crónica de José Gregorio Guerrero…! “Cabirol, no era un demente era un
militar del antiguo batallón Bomboná, cuando este quedaba donde hoy es el
Hospital Rosario Pumarejo de López, famosos por su peculiar forma de vestir,
muy pulcra y sofisticada”.
Así
mismo ver las ocurrencias y atrevimiento de Chepo, el que se creía
automóvil, cuando se paraba detrás de los carros, bien sea haciendo escuadra o
pidiendo vía, para rebasar a los que osaran estar delante de él.
El
famoso “Chepo” personaje que se creía auto
Chepo,
también pedía que lo empujaran por encontrarse varado, así como cuando llegaba
a las estaciones de servicio o gasolineras, esperando que lo surtieran, debido
a que, en su mundo interno y lleno de ilusiones, decía que se había quedado sin
combustible.
Qué
decir del romántico y enamoradizo Ho Chi Minh, muy parecido al líder
vietnamita. Ho Chi Minh un personaje, pequeño, de aspecto asiático, con
barbas de sabio y pensador, se dedicaba a lustrar zapatos, pero para enamorar a
las mujeres, se convertía en todo un poeta, por sus rimas y elegantes mensajes
a las damas, falleció en La Casa de los Abuelos.
Ho
Chi Minh todo un poeta para enamorar a una mujer
Recordar
aquel famoso personaje conocido como “Pedroza”, un pequeño hombre, pero
con una fuerza descomunal además de padecer una enfermedad mental, sufría
ataques de epilepsia, vivió frente a parque del barrio el Carmen, parecía un
luchador, su frase preferida era,” regálame un cigarrillí” levantaba a
una persona con sus dos brazos y lo izaba como si fuera una bandera algo muy
peligro por ciento también.
Como
no recordar la cacharrería ambulante, no era un demente, pero a veces eso era
lo que parecía aquel desconocido personaje, con acento de sabanero, quien
deambulaba por el centro de la ciudad y barrios cercanos, caminando con ese
inclemente sol gritando y promocionando su mercancía.
¡…vasos,
cucharas, platos, pocillos, cuchillos, tenedores…! era muy curioso, no solo
porque no era del interior del país, algo que no era normal en los comerciantes
llegados a Valledupar, debido a que casi todos los vendedores y comerciantes
eran santandereanos o paisas,
Este
sabanero gritaba, vaaaasooos, cuuuuchaaaaraaaas, pooociiilloooos,
teeeneeedooores, cuchiiillooos, plaaatooos para rematar cerraba la frase
diciendo “compren carajo que esta vaina pesa”., Las personas salían más
que todo para oírlo y verlo, más que para compararle, para después soltar la
carcajada, de la peculiar forma de comercializar su mercancía.
El
pintoresco y excéntrico Chorrobalín, fue otro jocoso personaje de
Valledupar, quien vestía elegante con saco, cuando lo molestaban se tornaba
agresivo y lanzaba piedras y algunas tuercas y balines, quizás de allí, venga
su sonoro sobrenombre.
También
se vivió la época de Breckdance y música rock, cuando Michael Jackson y John
Travolta estaban en su apogeo y los muchachos del barrio el Carmen y otros de
Valledupar, bailaban se contorsionaban y daban vueltas en el piso, como si
sufrieran un ataque de epilepsia.
Se
hacían competencias de baile de Pi Kuc, esos grandes aparatos que sonaban
durísimo de los cuales hoy quedan pocos como el Wuathusy El Gran Che, el
Sibanicú entre otros, para escoger el que mejor y más duro sonara, inclusive
llegaban a reventar las enormes cajas de música, estas competencias muchas
veces terminaban en riñas.
Cada
barrio tenía su representante en el barrio el Carmen estaban “Jova Breikin”,
quien se dedica actualmente a las artes gráficas conocido así por bailar muy
bien ese ritmo extranjero, así como Hernán Salamanca, el locutor y presentador
en el Festival Vallenato otro gran bailarín, actualmente labora en la
Gobernación del Cesar.
Son
muchas historias y anécdotas, una vividas y otras escuchadas por los mayores,
como aquella anécdota cuando las personas iban para que les sacaran la sangre,
supuestamente, porque el Dr.
Aquel galeno venezolano, muy venerado José
Gregorio Hernández estaba haciendo milagros, pero era necesario donar un poco
de sangre, les decían, que entre más sangre donara, mayor era el milagro, para
que esto sucediera, fueron muchas las personas engañadas, especialmente las
mayores, que tenían mucha fe católica.
Igual
sucedió con un timador, que decía ser odontólogo, hizo su gran negocio, al
decirle a quienes lo visitaba, que era mucho mejor tener puente o chapa, que
dientes naturales, ya que esta no se dañaba, muchos cayeron en su engaño y se
sacaban todos los dientes, así estuvieran sanos, para él fabricarles la
chapa.
Además
de todas estas anécdotas y vivencias, se pude citar a la popular Lola
Bolaño, era reconocida y buscada por muchas madres, no solo fue recordada
por ser la pionera del baile del Pilón, sino también cuando sus hijos tenían
algún dolor o malestar.
Dolor
que los doctores no lograban calmar o sus padres, creían que este, era producto
de un mal de ojo, como se acostumbraba decir en ese entonces, ella con su
paciencia, con sobos, plantas y su sabiduría, heredada de sus ancestros,
aportaba en la salud de muchos niños y adolescentes de esos años en el barrio
el Carmen.
Era
el Placebo de muchos, este surtía efectos mágicos, así como sucede con muchos
creyentes, cuando ponen mucha fe, esperando un milagro de su santo milagroso.
Igual, lo hacen algunos profesionales de la medicina, al suministrarles un
medicamento a sus pacientes.
Todas
estas historias y anécdotas se vivieron en el centro de la ciudad del otrora
Valledupar, en los barrios más cercanos como el Cañahuate, La Guajira, el
Cerezo, La Garita y en la casa de Lola Bolaño.
La
que se encontraba a pocas cuadras de la mítica Plaza La Plaza Alfonso
López, en donde funcionaba una cantina y negocio de la vida alegre como se
decía antes, allí llegaban muchos de estos personajes a descansar o a beber
algo para calmar la sed, así como viajeros de los pueblos circunvecinos y
miembros de las etnias que habitan en la Sierra Nevada de Santa Marta.
El
departamento del Cesar también es territorio cafetero
Las
personas al escuchar el nombre del departamento del Cesar y de Valledupar su
capital, se le viene a la mente, alegría, fiestas, y por su puesto parrandas
vallenatas, lo típico y cultural de la región, así como el modo de ser alegre
de sus habitantes y un fuerte y persistente sol, por hacer parte de la costa
caribe colombiano.
Pero
Valledupar, así como los departamentos andinos de Colombia, también tiene
territorios que comprenden dos sistemas montañosos con temperaturas bajas,
propicias para la agricultura como lo son: La Sierra Nevada de Santa Marta y
la Serranía del Perijá, para sembrar café de muy buena calidad, lo que se
puede fusionar con la música vallenata fácilmente y crear un destino turístico
de naturaleza, cultura y paz.
Es
un privilegio para el Departamento del Cesar contar con estos dos sistemas
montañosos con microclimas, ideales para la siembra de café, así como para
otras clases de cultivos.
La
Sierra Nevada de Santa Marta,
conocido como el macizo litoral independiente más alto del mundo, con altitudes
que superan los 5.300 m.s.n.m, y picos que rozan los 5.500 m.s.n.m en
municipios como Pueblo Bello y otras zonas cercanas a Valledupar,
se benefician de esta tradición ancestral de los pueblos indígenas que habitan
esa zona, en donde se produce café orgánico.
Por
su parte, La Serranía del Perijá, frontera con Venezuela en donde
hay montañas que tienen una altura de 3.660 m.s.n.m, beneficiando a municipios
como: Manaure Balcón turísticos del Cesar, Agustín Codazzi y Río de Oro,
una región de iniciativas productivas y desarrollo agrícola en el Cesar.
El
posicionamiento del Cesar como una región cafetera, por su calidad del grano,
debe ser aprovechado para integrarlo con el principal atractivo cultural como
lo es la música vallenata, ya que el café de estos dos sitios emblemáticos se
está vendiendo en los mercados internacionales como de Especialidad, en
donde cada taza de café lleva implícita la riqueza cultural de su mayor
representación el Festival de la Leyenda Vallenata.
Las
cifras alcanzadas en la producción de café llegan a 22.671.259
kilogramos de café seleccionado, en donde hay una parte fundamental como son
los 7.5501 cafeteros cedulados y agremiados, que, con su esfuerzo y
dedicación, mantienen esta cultura y tradición.
Unido a esto, están las 84 empresas y las 15 asociaciones activas dedicadas a la comercialización del café, haciendo de esta actividad un sólido grupo empresarial y asociativo. Con el firme propósito de posicionar los cafés de especialidad, producidos en La Sierra Nevada de Santa Marta y La Serranía del Perijá.
La bonanza marimbera y
algodonera
Para
las personas que vivieron esa época de los años 70 y aquellos más jóvenes, que
no la vivieron pero que les gusta investigar y leer o escucharon esas
historias, sabrán que el dinero en ese tiempo fluía, gracias a la bonanza
marimbera y algodonera y a toda clase de contrabando, especialmente desde la
Guajira hasta Venezuela y viceversa, eran muchos los personajes, del
Cesar, La Guajira y el Magdalena y toda la costa colombiana, con nombres o
remoquetes sonoros dedicados a ese negocio.
Toda
la Sierra Nevada de Santa Marta, desde el descubrimiento de Cuidad Perdida por
parte del Instituto Colombiano de Antropología en 1976, la que abarca los tres
departamentos caribeños, La Guajira, el Cesar y Magdalena fue llenada de esta
planta que es medicinal, pero que la utilizan como estimulante, ¡¡“!!La
mejor marihuana del mundo como la llamaban los gringos”¡¡.
Los
campesinos dejaron de sembrar los alimentos de pan coger para dedicarse al
cultivo de la marihuana puesto que era más rentable, les producía mejores
dividendos económicos, un quintal de marihuana valía $110.000, uno de café no
llegaba a los $50.000, y el de fríjol rondaba los $20.000 para esos tiempos, la
diferencia era abismal.
Entre
estos personajes se pueden citar a: Luki Cotes, Santa López Sierra, Samuel
Alarcón, al que le decían “El Pluma Blanca”, El Gavilán Mayor, (a este
personaje le hicieron una canción famosa y muy popular).
Felipe
el Hash, todos ellos nombrados en las canciones vallenatas, por los grandes de
este folclor, como Jorge Oñate, Diomedes Díaz, El Binomio de Oro, Los Betos del
vallenato, Poncho Zuleta, entre otros.
Personajes
que se nombraban en las tertulias diarias de la costa Caribe colombiana, estos
que llegaban al extremo de dejar un carro abandonado en plena vía, por un
percance mecánico para compararse otro nuevo y de la mejor marca.
En
esta bonanza marimbera, surgieron nuevos ricos quienes comenzaron a lucir
cadenas, anillos y pulseras de oro, a usar guardaespaldas y a cerrar
prostíbulos para enfiestarse con las meretrices. Por todo esto muchos
habitantes de esta región los jóvenes no querían estudiar y los mayores
deseaban ser uno de esos grandes marimberos.
Era
el chiste y la conversación de moda en la costa Caribe colombiana. !!!Yo quiero
ser un famoso marimbero no uno de esos vicios marihuaneros, soltando toda una
fuerte carcajada¡¡¡
Regalaban
cirugías plásticas y patrocinaban a las candidatas, en fiestas patronales, para
los carnavales de los diversos pueblos de La Guajira y el Cesar y en el
reinado nacional de la belleza en Cartagena.
Estos
marimberos de la época, eran la noticia de todos los medios de comunicación en
Colombia y países vecinos, así como de artistas,
políticos, trabajadores de cualquier índole, amas de casa, por supuesto
de escritores y cronistas nacionales, ya que se hicieron películas,
documentales y se escribieron libros como La mala hierba, del
conocido periodista Juan Gossaín y Leopardo al Sol, de Laura
Restrepo.
SSe
escribió y se habló mucho sobre esas aventuras y los nexos con los políticos
del momento, en donde invertían millones de dinero, sumas exageradas para las
campañas de los aspirantes a los cargos políticos, buscando favores con las
autoridades, que les limpiaran su hoja de vida,
Gastaban elevadas sumas de
dinero en uno de su pasatiempo favorito, las apuestas en las riñas de gallos,
lo que arruinó a muchos de ellos, debido a que era una cuestión de honor ser el
mejor, era tanta la pasión, que viajaban para Aruba, Miami, Cuba y España, con el
propósito de conseguir el mejor exponente, muchos afirmaban que llegaron al
extremo de cruzar los gallos con gavilanes, para obtener el verdadero campeón o
un gallo invencible en estas riñas.
Pagaban matrículas
universitarias, a los familiares o más allegados, compraban obras culturales de
artistas nacionales, así no supieran nada de eso, solo para competir y
mostrarlas a sus amigos, tenían lujosos apartamentos, en Riohacha, Santa
Marta Cartagena y Miami, en donde iban a pasar vacaciones y también
realizaban sus famosas reuniones y parrandas.
Contaban con modernas avionetas
para llevar a sus mujeres o amantes a las playas del Caribe en vacaciones, así
como a las mejores boutiques del país, tenían carros lujosos, como Mercedes
Benz y camionetas de último modelo, prendían los cigarrillos con los billetes
de baja denominación y adornaban los arbolitos de navidad con esos mismos
billetes.
Un velorio se convertía en los
mejores pasarelas y desfiles de moda, para las compañeras de los capos
marimberos, en donde ellas mostraban y casi que desfilaban con lujosos y
vistosos vestidos, zapatos y carteras de las mejores marcas y más costosas, así
como cadenas y otras joyas, conseguidas con los grandes negocios del cultivo y
el contrabando de la Marihuana.
Las parrandas vallenatas, se
sabía cuándo empezaban, pero no cuando terminaban, la ley, era al estilo del
viejo oeste, para el más fuerte, la ausencia de autoridad les daba pie para
ostentar muchas armas, esto era como una prenda más de vestir.
Los asistentes a las fiestas, todos armados, se bebían varias cajas de Wiski y comían abundante comida, como asados, picadas, friche, sopas a media noche y tortuga o cualquier animal de monte por la mañana.
Luki Cotes y Poncho Zuleta en una parranda
Si
se emborrachaban dormían en chinchorros colgados ahí mismos, o si no se iban a
sus casas, dormían y regresaban para continuar la parranda al día siguiente,
estas incluían mariachis muy de modas en esos años.
Las
fiestas eran pagadas a los artistas no solo con dinero, sino con vehículos,
electrodomésticos y hasta ganado, estos se lo retribuían a los cantantes y
compositores con nombrarlos en las canciones vallenatas.
Muchos
cancelaban millones para que los mencionaran con mayor frecuencia y a veces
pagaban con comida y ron.
Los
músicos de antes disfrutaron de esa bonanza también, ya que algunos eran muy
mal pagos en esos años, Por ello se veían obligados a combinar su profesión con
otros trabajos, como carpinteros, jornaleros en las distintas fincas de la
zona, ayudantes de albañilería y hasta mensajeros.
Fue
la historia de grandes marimberos que más tarde, terminaron algunos muertos y
otros tras las rejas. Este contrabando de la marihuana, llegó a generarle al país
ingresos anuales por 2.200 millones de dólares, superiores a los negocios del
café y de otros cultivos para esos años.
Era
tanto el dinero que se ganaba, que se narran muchas aventuras y excentricidades
de estos personajes, como era la de pesar el dinero, en vez de contarlo.
“No era una exageración los
coros o el estribillo de la canción que le dedicaron al Gavilán Mayor
cantada por Diomedes Díaz, la que dice:
¡…Yoooo
soy el Gavilaaaaán Mayor y en el espacio sooooy el rey, interpretada por el
gran Diomedes Díaz...!
El
Gavilán Mayor capo marimbero, reinó en la Guajira durante más de una década, en
pleno apogeo de la bonanza marimbera.
Era
muy común, ver a los indígenas, con una metralleta al hombro, deambulando por
las calles de Riohacha, Valledupar o Maicao y en otras ciudades de la costa
atlántica a bordo de enormes camionetas Rangers.
Imponiendo
miedo y respeto con una el M 60 y el punto 50, las que servían
para cuidar la marihuana. Fuente https: //www.el tiempo.com/archivo/documento,
a todos ellos los conocían como los “culo puyuos”, debido a la forma
graciosa como les sobresalía por la parte trasera del pantalón, la cacha de las
armas.
El
negocio de la marihuana reemplazó al del algodón, fue así, como las autoridades
descubrirían la
plantación de marihuana más grande del mundo, en pleno corazón de la Guajira.
Su extensión: ¡40 mil hectáreas! fue tanto su apogeo, que muchos agricultores
dejaron de sembrar algodón, una tradición en el Cesar y la capital blanca
Codazzi (Cesar) y en otras regiones de la nación, para dedicarse de lleno a la
siembra de marihuana que producía mejores dividendos.
El algodón tuvo su auge y
temporada fructífera, generando muchos dividendos económicos a sus productores,
así como trabajo o mano de obra para la región, el Caribe colombiano producía
el 75% de algodón del país.
Tristemente,
dejamos de ver, cuando éramos niños esas bellas y enormes filas de camiones
cargados con sacos de algodón, allá por el antiguo Idema y otros sectores de la
capital del Cesar, también los niños y muchachos de entonces, hacían carros
para jugar, muy parecidos a esos camiones algodoneros.
El buen negocio del cultivo de
algodón decreció, por las circunstancias, anteriormente citadas y fue entre los
años 1977 y 1979, cuando se inició su crisis que finalmente acabaría con esta
tradición y negocio, para finalmente, acabar con la fiebre blanca, como se le
conoció también a comienzos de los años 1900.
Como
se puede apreciar, Valledupar no es solo música vallenata y parrandas, también
posee otros atractivos culturales y gastronómicos, que pueden ser visitados por
sus habitantes y los turistas que llegan en temporadas de vacaciones.
Solo
esperamos que no se pierda la esencia, que se respete el verdadero vallenato,
ese raizal, que las nuevas generaciones toquen vallenato de verdad y las letras
y canciones, sean poemas cantados como antaño, para seguir siendo El país
Vallenato orgullo de Colombia y del continente, siendo declarada la música
vallenata Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO
el 1 de diciembre del 2015.
Por: Iván Fernando Márquez Gómez.
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